Carta de un paciente
Para todas las mujeres que hace tiempo o en este momento están pasando y a la vez enfrentándose con lo que yo me enfrenté, y con lo que vivo, auténticas “compañeras de fatigas” y que mejor que nadie, sabrán sacarle juguito a esta carta e identificarse con cualquier párrafo de ella.
A todas vosotras, con el convencimiento de que al igual que yo, apostareis por tirar del carro de la vida. “Auténtica vida” que merece ser absorbida por los cinco sentidos, dejando que nos inunde y recreándonos en todo lo bueno que nos depara día a día, con todo mi cariño.
CARTA AL CÁNCER QUE UN DÍA APARECIÓ EN MI VIDA
Fuengirola, 14 de octubre de 2003
Querido y odiado cáncer:
Aunque suene a paradoja, son dos sentimientos encontrados que hoy, al cumplir tres años de convivencia contigo, siento a flor de piel.
Quisiera contarte lo que ha significado nuestra trayectoria y cuál ha sido la evolución de nuestra relación.
En un primer momento, al conocerte, intenté huir de ti, te temía, corrí a esconderme, e intenté ignorarte. Pero poco a poco invadiste mi vida y temporalmente lograste que ésta perdiera su sentido y yo, el control. Todo lo que me rodeaba carecía de importancia y tú pasaste a ser el centro de todo. Todo giraba en torno a ti. La situación comenzó a ser insostenible. Ante mí se abría un mundo nuevo lleno de diagnósticos, protocolos, pruebas, etc. Un mundo que me absorbía y en el cual no entendía nada.
Fue pasando el tiempo. Tiempo, que maravillosa palabra, que gran compañero. Y un día, sin premeditación alguna, dejé de huir. Me giré sobre mis propios pasos y te miré de frente. Tú, al sentir que ya no me dominabas, empezabas a hacerte cada vez más pequeño, hasta llegar a ser insignificante.
De pronto, empecé a sentir que mi vida volvía a cobrar sentido, pero no el sentido que tenía antes de conocerte y de ahí, que te llame “querido cáncer”. La vida que se abría ante mí, era una vida plena, en la que a ti, te tenía de referencia y en la que gracias a esa referencia era capaz de ver cosas ante las cuales, antes, era ciega. Hoy soy capaz de gozar y ver las cosas que me pasaban desapercibidas y que me llenan plenamente.
Aprendí a bucear en el interior de las personas más allegadas a mí y valoré miles de detalles que era incapaz de ver. Por ejemplo “qué pedazo de marido tengo”, “cuánto valen mis amigos” y qué decir de mis hijos y mi familia.
Descubrí que era valiente. Yo, tan poquita cosa, era valiente y fuerte. ¿Quién me lo iba a decir?
Sabía que tenía que convivir contigo, pero que si me enfrentaba a ti, te mantendría a raya y contigo, a todos los fantasmas que son tus amigos: ansiedad, miedo, incertidumbre… Me hiciste pensar en la película “Una mente maravillosa”. En la que el matemático y premio Nóbel, Jhon Forbes Nash, que tenía una personalidad esquizofrénica paranoica, aprende a convivir con los personajes de su imaginación y consigue mantenerlos alejados de su vida real. Así es como yo, te empecé a tratar.
Hoy, gracias a ti, he aprendido a gozar la vida. Sé lo que es vivir.
Gracias a ti, la vida no se me escapa entre los dedos, sino que me lleno las manos de ella.
Gracias a ti, he comprendido que la vida no es cantidad. Se puede tener muchos años por delante y no apreciarla.
No sé cuantos años viviré, ¿uno, cinco, diez o cien? Lo que sí tengo claro, es que viva lo que viva, seré consciente cada minuto y me recrearé en la vida.
No quiero que pienses, por esto que te digo, que no sé que estas al acecho esperando mis momentos de flaqueza y que como oportunista que eres, ese momento lo aprovecharás, pero también quiero que sepas que yo tengo el arma mejor que ante ti se puede tener, y ese arma es la vida, una vida llena de coraje, humor y amor.
Se despide de ti, una mujer a la que un día le arrebataste una parte de su ser y a cambio le diste otro sentido a su vida.
Adiós, querido y odiado cáncer.
Fdo. Paloma Gómez Díaz